“Sacamos conocimiento enterrado del fondo del mar”

Ariadna_Salabarnada_CSIC RED

La vocación de Ariadna Salabarnada por esto de la ciencia le debe algo al periodismo, porque, según nos dice, vio una entrevista a la primera bióloga española en investigar en la Antártida, Josefina Castellví, y ya no tuvo ojos para nada más, si hacemos caso a su madre. Una madre que suponemos contenta con el regreso de su hija de esas tierras frías, aun a sabiendas de que Ariadna nos confiesa que espera que ésta “sea la primera de muchas más expediciones”.

Su sitio en el Hespérides se lo proporcionó su trabajo en el doctorado con Carlota Escutia en el Instituto Andaluz de Ciencias de la Tierra y su experiencia previa en la Antártida Oriental. Esta vez le toca ir de soporte “para conocer este continente. Es la primera vez que bajo. Lo que te esperas es la aventura, pero es diferente, siempre lo coges con ganas”. Y eso pese a la climatología adversa que puede hasta con los más entregados: “Yo ya había estado en mar y mares tan duros no los había vivido y lo vives, esperando trabajar sin sufrir”.

“Te das cuenta de que la Antártida es un ecosistema más frágil de lo que pensabas y que se tiene que trabajar en su preservación”

Su tarea a bordo se centra en lo suyo, en “el estudio del paleoclima de hace 26 millones de años. Soy sedimentóloga y uso un sondeo de 1000 metros de profundidad; a partir de los sedimentos que se recogieron hace 8 años con el IODP, seguimos trabajando. Esto es lo bonito, que una campaña que costó muchos años y mucho esfuerzo saque conocimiento enterrado, literalmente, del fondo del mar. En esta campaña tenemos imágenes acústicas de los sedimentos y hemos ido encontrando un registro muy bonito de las contornitas y una variedad increíble de morfologías”.

Algo que a los ajenos a la geología marina se nos hace arduo, pero que Ariadna está dispuesta a dar a conocer, a un público a veces ingrato con el trabajo de los investigadores, sabedora de que “si lo cuentas con pasión, si a la gente de a pie le explicas la utilidad de lo que haces y toda la información de lo que podemos obtener en estas expediciones, finalmente lo entienden”, explica Ariadna.  Algunas de esas evidencias científicas cada vez se asoman más en forma de anomalías térmicas: “En los últimos días tuvimos más calor en la Antártida que en España, estábamos a trece grados, mientras allí sufrían una ola de frío”.

“Los datos que hemos adquirido -nos comenta- sirven para justificar todos los estudios y corroboran tus hipótesis. Te das cuenta de que la Antártida es un ecosistema más frágil de lo que pensabas y que se tiene que trabajar más intensamente en la preservación del casquete de hielo”, concluye la investigadora.

 

 

 

 

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