“Es como mirar el mar con una lupa de aumento”

Pedro_Ibarra_IGME RED

Pedro Ibarra nos atiende en un día un poco inusual, de traslado entre bases, “Vienen muchos compañeros a las bases y hoy los dejamos en otra isla, así que el Hespérides estos días hace de transporte”. El madrileño nos cuenta que no han coincidido con Luis Moreno todavía pero que ya ha estado en la Antártida con otros compañeros del IGME: “El año pasado estuve lejos de aquí, en tierra, en Marambio con Manolo Montes y Paco Nozal, gente de cartografía. Hicieron un mapa muy bonito y estupendamente documentado”.

Al preguntarle si la Antártida se conoce lo suficiente y recalcar ese “bonito” con que ha definido el trabajo de sus compañeros, Pedro nos asegura que por supuesto que “a los científicos nos gusta lo que hacemos. Hay un punto de vocación y esta experiencia es una oportunidad. Las condiciones son muy duras, así que hay que echarle ganas, porque en días como hoy son relativamente difíciles: ahora tenemos dudas de que vayan a aterrizar, el barco está nevado y se mueve con la ventisca. Si acaso reducirán la velocidad, porque la mar está un poco picada y si el mar está de lado, el barco cabecea. Esta madrugada fue peor, pero ya estamos acostumbrados”. Tanto que casi cuando desembarquen les dará pena despedirse de esta aventura antártica, porque entonces “empieza el mareo de tierra y es cuando notas que el suelo se mueve”, nos comenta risueño.

En el barco, más allá del ambiente cálido y agradable, tan distinto al de las largas jornadas en tierra, los científicos pasan muchas horas trabajando en la mesa. “Hay una sala que rodean los camarotes, donde tenemos sofás, una zona de esparcimiento y entre 12 y 15 ordenadores. Es un poco jaula de grillos- nos explica-, porque unos están ordenando fotos, otros pasando papers, otros revisando y procesando datos, alguno leyendo un poco más concentrado…, un trabajo de varios frentes abiertos con un debate continuo”. En total, unas 27 personas trabajando todo el tiempo, sin que el esfuerzo haga mella. “Siempre hay cosas originales y nuevas. Hoy estuvimos mirando los fondos marinos y había medidas hechas que contrastaban con otras mucho más detalladas. Lo que se ven son registros de parámetros físicos de los que deducimos cuestiones geológicas, para interpretar por ejemplo, cómo se mueve la placa de Scotia que abrió el Paso de Drake”. Pedro Ibarra nos habla con la emoción de quien vive una experiencia a la que pocos tendrán acceso en su carrera profesional, poder ver in situ lo que han conocido con sus aproximaciones teóricas y poder intercambiar opiniones con otros expertos de distintas especialidades científicas. De hecho, Ibarra pertenece al cuerpo de geofísicos y aunque no está especializado en geología marina, participó en misiones alrededor de la Península Ibérica para estudiar los fondos marinos, que le sirvieron como una especie de entrenamiento. “Lo hice -nos confiesa- con vistas a moverme a un campo menos usual y entendiendo que mi papel sería el de operador de equipos, de apoyo a los proyectos de Fernando y Carlota”. 

Volviendo a esa concurrida mesa de expertos, el entusiasmo con que lo cuenta Pedro no deja lugar a dudas de la variedad que están encontrando en el mar: “En tierra me ocupaba de buscar afloramientos, mientras que, a bordo del buque disfruto con esas mediciones que rastrean el fondo del océano. “Es como mirarlo con una lupa de aumento”.   “Hay bastante debate sobre la geología de esta zona, así que siempre descubres cosas nuevas. De las últimas cosas que he visto me han gustado los mapas que exploran el fondo marino y las capas de sedimentos en el subsuelo, con rasgos geológicos cómo desprendimientos, fallas, rupturas, algún volcán submarino que hemos encontrado a 3.000 metros de profundidad”.

Y lo que están encontrando mueve su curiosidad a querer saber más; tanto es así que la programación de la derrota del barco ha sido flexible, en función de la climatología y de los hallazgos de la expedición: “Algún día hubo que variar el trayecto por la presencia de banquisa e icebergs de gran tamaño, pero sobre todo los cambios se han hecho buscando los datos más interesantes en este microcontinente hundido de las Orcadas del Sur, un fragmento de la península Antártica”, concluye.

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