Coreografía científica

 

OLYMPUS DIGITAL CAMERATras despedirnos en el IGME de Luis Moreno, nuestro hombre en tierra en esta Campaña Antártica 2017-2018, Fernando Bohoyo nos da las explicaciones del desarrollo de la misma. “Vamos de camino, en 16 horas empezaremos todos los movimientos (recogemos, dejamos, damos logística). Toda nuestra campaña empezaba después de abrir las bases, dando suministro científico, comida, combustible y el soporte vital que tienen en tierra que es el de nuestro barco. Muchos de los que vamos a recoger son compañeros como Luis o J. Antonio; nos conocemos hace muchos años y da mucha alegría”.

A estas alturas, “nuestra campaña se interrumpe por tres días para hacer apoyo logístico a las bases, a 33 compañeros que van a la Isla del Rey Jorge y a otros 40 que recogemos y repartimos por las bases”. Por suerte, según nos cuenta, “la recogida de datos está cundiendo mucho y hay que decir que los equipos están respondiendo. Son equipamientos muy sofisticados para hacer ciencia en el mar”. Aparte de una dotación material cuentan entre otras con la colaboración de Jerónimo López y su equipo, “con quienes hemos compartido campañas y proyectos, sobre todo en lo que se refiere a la determinación  de los esfuerzos tectónicos a los que se han sometido las estructuras geológicas en tierra y mar”. Le preguntamos si han llegado a tener contacto con el buque de Greenpeace que actualmente emite su campaña en defensa de acciones contra el cambio climático, a lo que Fernando nos comenta: “Nosotros estamos a 400 millas fuera de cualquier terreno emergido y los cambios cualitativos que percibes son menos llamativos”. Así que quedamos pendientes de saciar nuestra curiosidad sobre si la afectación de los paisajes a pie de tierra en la Antártida es tal.

2Volviendo a los trabajos del equipo, parece que la magnanimidad del mar con los hombres que ahora mismo la transitan está haciendo sencilla la operativa. “Gracias a que estamos teniendo mejor mar de la esperada, estamos obteniendo mejores resultados. Afortunadamente hemos tenido suficientes días buenos para hacer nuestro trabajo”. Nos preguntamos si esas tareas ininterrumpidas, si la exigencia de las labores ha hecho merma en los científicos, a lo que Fernando Bohoyo nos indica que, si bien “siempre hay alguien que cae en las actividades físicas, porque la actividad en el barco no es la normal en tierra, aquí disponemos de una bici estática y una cinta y hasta hay quien se anima a usarlas”. Porque para embarcarse en una aventura científica de estas características los investigadores han tenido que superar varias revisiones preceptivas que aseguren unas condiciones de salud básicas que deben cumplir. Más allá de eso, está la incertidumbre. “El problema comenta Fernando- está básicamente en que salir de aquí no es fácil: 400 millas marinas son casi 800 kilómetros de la tierra más cercana y a una velocidad máxima de 25-30 km/h cualquier dolencia, una piedra en el riñón, incluso un dolor de muelas que en tierra no va más allá de una simple molestia, aquí puede suponer un problema muy serio. De momento no hemos tenido más allá del clásico mareo y del resfriado”. Aunque quizá la dureza de los condicionantes de la expedición sean los más complicados: “El estado psicológico en el mar es especialmente importante, porque aquí no hay calle que te permita dar un paseo y por eso las condiciones emocionales y de convivencia son muy importantes, sobre todo, porque somos muchos en un espacio muy limitado”.

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